La historia de Barbería Giacalone comienza en 1908, cuando la abrió Emanuele Giacalone para atender a la bulliciosa población de estibadores y marineros de la zona portuaria. En las primeras décadas del siglo XX, la profesión de barbero era muy respetada, y la barbería era un centro social vital, un lugar para la conversación y la comunidad. Sin embargo, fue el hijo de Emanuele, Italo, quien elevó la barbería de simple negocio a obra maestra artística. En 1922, encargó una completa renovación interior, transformando el espacio en un impresionante ejemplo del estilo Art Déco, entonces en boga.
La renovación de Barberia Giacalone corrió a cargo de la empresa local Vetreria Bottaro, especializada en cristalería. El resultado fue un interior deslumbrante que hoy permanece casi intacto. La tienda permaneció en manos de la familia Giacalone durante casi un siglo, hasta la muerte de Italo en la década de 1990. Enfrentada a un futuro incierto y al riesgo de cierre, la tienda fue adquirida y meticulosamente restaurada en 1992 por la Fundación Nacional Italiana (FAI), una organización sin ánimo de lucro dedicada a preservar el patrimonio italiano. La intervención del FAI garantizó que esta pieza única de la historia no se perdiera. Desde entonces, se ha confiado a una nueva generación de barberos que continúan la tradición del afeitado húmedo clásico y el servicio a la antigua usanza.

Un interior congelado en el tiempo
Entrar en Barberia Giacalone es como adentrarse en un mundo cinematográfico olvidado. La tienda no mide más de 10 metros cuadrados, pero su pequeño tamaño es parte de su encanto. El interior es una sinfonía de cristal, espejos y colores vibrantes que crean una sensación de amplitud y opulencia. Las paredes y los techos están cubiertos de intrincados paneles de cristal con motivos geométricos y arcos entrecruzados, que presentan una deslumbrante paleta de colores verde esmeralda, azul cobalto y dorado.
La luz interior es casi deslumbrante, ya que rebota en los diversos espejos y superficies pulidas, creando un efecto visual cautivador. Los suelos originales de baldosas blancas, los espejos ovalados y los clásicos lavabos de porcelana siguen en su sitio, al igual que las sillas de barbero originales que han acogido a generaciones de caballeros genoveses. Estos sillones son un testimonio de la historia de la tienda, con su cuero desgastado y sus accesorios de latón que llevan las marcas silenciosas de innumerables clientes. Incluso los apliques originales y las lámparas de araña centrales contribuyen a la atmósfera de la Belle Époque, una época de elegancia y sofisticación que parece haberse conservado perfectamente entre estas paredes.

Un hito cultural moderno
La Barbería Giacalone es más que un lugar histórico; es un negocio en activo. Aunque atrae a turistas de todo el mundo, cautivados por su belleza única, sigue funcionando como una auténtica barbería para la comunidad local. Los barberos actuales honran el legado del local ofreciendo servicios tradicionales, desde cortes de pelo clásicos hasta afeitados con navaja. Esta combinación de conservación y uso práctico convierte al local en una parte viva del paisaje cultural de Génova.
Situada en Vico Caprettari, una estrecha y sinuosa callejuela, es fácil pasarla por alto si no se busca, lo que no hace sino aumentar su misticismo. Sus luminosos y relucientes escaparates destacan sobre la oscura piedra de los edificios medievales que la rodean, invitando a los transeúntes a asomarse al interior y dar un paso atrás en el tiempo. Es una parada clave para los interesados en las tiendas de artesanía histórica de Génova, una red de negocios que ha mantenido vivas las tradiciones de la ciudad durante siglos.
La Barberia Giacalone es un magnífico ejemplo de patrimonio que no sólo se ha salvado del olvido, sino que también ha cobrado nueva vida, garantizando que su historia única y su exquisito interior sean apreciados por las generaciones venideras.

Búsqueda del tesoro y visita autoguiada por Génova
Precio por persona
