
El puente de María Cristina, Maria Kristina zubia en euskera, cruza el río Urumea en el centro de San Sebastián y une el centro con la Estación del Norte. Inaugurado en 1905, es el más ornamentado de los puentes de la ciudad, marcado en cada extremo por dos altos obeliscos coronados por esculturas. Su modelo fue el puente de Alejandro III de París.
El puente de María Cristina de un vistazo
- Dónde: sobre el Urumea, entre el centro, cerca de la catedral del Buen Pastor, y la Estación del Norte en la orilla este.
- Inauguración: 20 de enero de 1905, día de San Sebastián, patrón de la ciudad.
- Autores: el ingeniero José Eugenio Ribera con el arquitecto Julio Martínez-Zapata; los grupos ecuestres son de Ángel García Díaz.
- Qué es hoy: un puente con mucho tráfico de coches y peatones, y una de las vistas clásicas del río.
- Tiempo necesario: 10–15 minutos para cruzarlo y ver los detalles; más si paseas junto al río.
De pasarela de madera a puente real
En la década de 1890 San Sebastián era un balneario de moda, y hacía falta un acceso directo del centro a la estación, al otro lado del Urumea. En 1893 se construyó una pasarela provisional de madera, que daba servicio también a la plaza de toros y al velódromo de esa orilla. Su sustituto lo diseñó José Eugenio Ribera, uno de los pioneros del hormigón armado en España, con el arquitecto Julio Martínez-Zapata. Construir en hormigón armado era todavía una novedad, y las obras duraron unos nueve meses. El puente se dedicó a la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena, la reina madre, que veraneaba en la ciudad.
La inauguración del 20 de enero de 1905 fue una auténtica fiesta: desfilaron bandas, el Orfeón Donostiarra cantó un himno compuesto para la ocasión y por la noche hubo fuegos artificiales y un toro de fuego cerca de la estación. En los años ochenta el puente estaba deteriorado y el Ayuntamiento encargó su rehabilitación. La estructura se modificó por dentro, pero se respetó la decoración, de modo que conserva el aspecto de 1905.
Qué observar
- Los cuatro obeliscos de los extremos del puente, de unos 18 metros de altura, cada uno coronado por un grupo escultórico con caballos.
- Los escudos policromados de los obeliscos y la cerámica de colores de los arcos.
- Los tres arcos, de unos 24 metros de luz cada uno, que se ven mejor desde el paseo junto al río.
- La piedra artificial rojiza que reviste el hormigón y da al puente un aire más monumental.
- Las farolas y balaustradas decoradas del tablero, que hacen que el puente parezca parte de un bulevar parisino.
La conexión con París
El diseño recuerda a propósito el puente de Alejandro III de París, inaugurado pocos años antes para la Exposición Universal de 1900, con sus altos pilares coronados por figuras doradas. San Sebastián, entonces en plena Belle Époque como balneario real, quería un puente igual de elegante. El resultado es más pequeño y de hormigón en lugar de acero, pero en una tarde soleada, con el río bajo y los obeliscos al sol, el parecido salta a la vista.
Consejos para tu visita
- Para la foto clásica, ponte en el paseo junto al río, un poco aguas arriba o aguas abajo, para ver juntos los tres arcos y los obeliscos.
- Ven a última hora de la tarde, cuando el sol bajo ilumina las esculturas, o de noche, cuando el puente está iluminado.
- Recorre el paseo del Urumea hacia el mar: pasarás por otros puentes, hasta el de la Zurriola junto al Kursaal.
- Por el puente pasan coches: cruza por los semáforos y quédate en las aceras para hacer fotos.
Cerca
- Catedral del Buen Pastor: la catedral neogótica de la ciudad, a pocos minutos a pie hacia el centro.
- Estación del Norte: la estación de la orilla este, para cuyo acceso se construyó el puente.
- Tabakalera: la antigua fábrica de tabacos junto a la estación, hoy centro de cultura contemporánea con un mirador en la azotea.
- Paseo del Urumea: la orilla arbolada con edificios señoriales que lleva hacia el norte, hasta el Kursaal y la playa de la Zurriola.
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Datos comprobados en octubre de 2026.
